Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Cómo te estás acercando a Dios? ¿Por qué el autor de Hebreos nos enseña acerca del monte Sinaí y el monte Sión? ¿Cuál es la diferencia? ¿Cómo puedes saber que estás deleitando en Dios?