¿Debería el creyente leer, meditar, saber y poder interpretar la escritura por sí mismo? ¿o deben los creyentes limitarse a esperar lo que sus maestros y pastores les enseñan?

Esta es una muy buena pregunta. La Reforma, como sabemos, le regresó al creyente el privilegio de leer la Palabra de Dios en su idioma. Seguramente en este momento tú posees al menos una traducción de la Biblia, y por la gracia de Dios vivimos en una época en la que tenemos acceso a muchas versiones de la Biblia. La pregunta lógica de tal proximidad es: ¿Y ahora qué hacemos con la Biblia? ¿La dejamos abierta en el Salmo 91 como un tipo de amuleto «cristiano»? ¿La usamos solo cuando vamos a la iglesia? ¿O la leemos y aplicamos? Sí, necesitamos leerla correctamente para entenderla y aplicarla bien. Entonces, si la tenemos en nuestras manos, podemos leerla. ¿Qué hago con lo que leo? ¿Cómo lo aplico?¿Debería poder interpretarla? Sí, sí deberías, deberías saber cómo aplicarla y deberías saber qué hacer con lo que lees. 

En Deuteronomio 6: 6-8 dice: 

«6 Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. 7 Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. 9 Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas». 

Deuteronomio 6 explícitamente nos dice que el pueblo de Dios tenía que tomar seriamente la Palabra de Dios, lo que incluye:  leerla, meditar en ella, aprenderla y aplicarla. Por eso el énfasis en que: «deben estar sobre tu corazón». El verso 7 lo dice muy claro:«las enseñarás diligentemente». No puedes enseñar algo diligentemente si no lo entiendes.

Cuando lees las obligaciones que deben cumplir los reyes en Deuteronomio 17, notarás que incluso el rey de Israel debía no solo leer la Ley de Dios, sino también saber interpretarla. 

Deuteronomio 17:18-20:

18 Y sucederá que cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. 19 La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, 20 para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

El rey que tomara el trono tenía que escribir una copia de la ley, no solo era un ejercicio mecánico, tenía que leerla todos los días de su vida, observándola cuidadosamente. Es interesante notar que el rey era una representación de pueblo, si el rey cumplía con estos requerimientos, traería como consecuencia bendiciones sobre todo el pueblo, el rey no solo era la cabeza del pueblo, también era el representante del pueblo y el ejemplo del pueblo. Entonces se esperaba que el pueblo emulara al rey piadoso, como los salmos 1 y 2 enseñan. 

En el Nuevo Testamento encontramos un texto clave para responder a la pregunta inicial. 

15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.

2 Timoteo 2:15 La Biblia de las Américas

El apóstol Pablo le escribe a Timoteo y le exhorta, lo anima a que: «Procure con diligencia presentarse a Dios aprobado». Esta es una bella exhortación al liderazgo de las iglesias. Todo pastor, anciano y maestro de la Biblia debe ser, si o si diligente y manejar con precisión la palabra de verdad. Y aunque el texto se usa para exhortar a los líderes de las iglesias, el texto no excluye la responsabilidad que tiene cada creyente de presentarse como obrero aprobado, que no tiene de qué avergonzarse, pues maneja con precisión la Palabra de verdad. La mayoría del abuso espiritual y de todas las herejías y falsas doctrinas se deben a la pobre y errónea interpretación de las Escrituras. No solo hay malos pastores, malos maestros, también  hay malos creyentes y malos discípulos. Se nos ha olvidado que debemos ser como los bereanos, que recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así. (Hechos 17:11).

En nuestro país —y más específicamente en nuestra ciudad— vas a encontrar muchas iglesias cristianas,  incluso en algunos sectores llegarás a encontrar de tres a cinco iglesias evangélicas en un radio de menos de un kilómetro a la redonda —cuidado y más—. En cada una de estas iglesias cristianas evangélicas encontrarás un púlpito y lo obvio es que encuentres una Biblia sobre esos púlpitos. Lamentablemente, el problema no es la cantidad de iglesias sino la falta de calidad en dichas iglesias, están tan enamoradas de lo pragmático, tan comprometidas con el mundo que han removido los púlpitos y han puesto mesas para hacer el mensaje más cómodo al visitante, evitan hablar de pecado y las prédicas tratan sobre el éxito personal, cómo vencer tus gigantes etc. En la gran mayoría de las iglesias ni siquiera se abre la Biblia, y si se abre se toma un texto como pretexto. Lo común hoy es ponerle información al texto, se adornar la predicación con historias, cuentos y chistes, es más un discurso sensacionalista lleno de gritos y carente de sustento; hoy lo más común es escuchar de «nuevas profecías», se suele poner en alto a los pastores, sus habilidades, pero tristemente y escasamente encontrarás la Palabra de Dios siendo predicada con poder para la gloria de Su nombre. 

Si me permites resumir esta crisis de predicación e interpretación,  la podemos describir por la falta o carencia de dos gritos y/o clamores. La falta de clamor de un pueblo que pide a una voz: «Qué se abra el libro!¡Trae el libro!» (Nehemías 8:1) y la falta de clamor desde el púlpito que grita: «¡ASÍ DICE EL SEÑOR!».

Entonces SÍ, tú deberías poder leer, meditar e interpretar correctamente la Palabra de Dios y SÍ desde el púlpito se debería estar predicando la Palabra de Dios sin reservas. De ambos lados de la congregación Dios demanda «precisión» (2 Timoteo 2:15). La palabra precisión que usa el apóstol Pablo (ὀρθοτομοῦντα) viene de la raíz ὀρθοτομέω (orthotomeo), que se define como: «cortar recto; exponer con veracidad, sin perversión ni distorsión». Entonces cada vez que nos sentamos a leer, meditar e interpretar la Palabra de Dios para ponerla en práctica, se espera que estemos «cortando recto y que expondremos el texto con veracidad, sin perversión ni distorsión». Cada vez que estamos expuestos a la Palabra de Dios sea por voz de nuestros pastores, maestros y líderes o ya sea que estemos estudiando para nosotros mismos y los nuestros, tendremos un bisturí en las manos pàra hacer un corte preciso o estaremos en  medio de una operación a corazón abierto con los instrumentos de un carnicero o un leñador. 

Dos de los grandes legados de la Reforma fueron: el principio de la interpretación privada y la traducción de la Biblia a la lengua vernácula1. Con interpretación privada los reformadores no se referían a un libertinaje interpretativo, no estaban apelando a un subjetivismo2 interpretativo en donde cada quien tiene su propia interpretación del texto o que se le da a cada creyente la potestad de imponer en el textos lo que se les ocurra de manera antojadiza, sino que el término interpretación privada evocaba la libertad que tiene cada creyente de acercarse al texto y responsabilidad que tiene cada creyente de interpretar el texto  de manera correcta y responsable. ¿Qué se necesita para hacer esto correctamente? Humildad de corazón y aprender a interpretar las Escrituras por medio de una buena exégesis, aplicando principios y herramientas hermenéuticas al texto bíblico.

«El estudio privado de la Biblia es un medio importante de gracia para el cristiano. Es un privilegio y un deber para todos nosotros. En su gracia y su bondad hacia nosotros, Dios nos ha provisto no solamente de maestros dotados en su iglesia para asistirnos, sino que su propio Espíritu Santo ilumina su Palabra y nos ayuda a encontrar su aplicación a nuestras vidas. A la enseñanza sólida y al estudio diligente, Dios añade bendición»3

 


1R. C. Sproul., Cómo estudiar e interpretar la Biblia: Un texto eficaz para poner en práctica el mandato de Jesucristo: « Escudriñad las Escrituras » (Miami: Florida, EE. UU. LOGOI. Inc, 1996), 31.

2«Esa es tu interpretación y está bien para ti. No estoy de acuerdo, pero mi interpretación es igualmente válida. Aunque nuestras interpretaciones se contradigan, las dos pueden ser verdad. Lo que tú quieras es verdad para ti y lo que yo quiera es verdad para mí». Esto es subjetivismo. El subjetivismo ocurre cuando trastornamos el significado objetivo de los términos para adaptarlo a nuestros propios intereses. (Sproul, Cómo estudiar e interpretar la Biblia, 42).

3Sproul. Cómo estudiar e interpretar la Biblia,  42.

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