Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Cuánto reflexionas en las verdades que Dios ya nos ha revelado? ¿Estás respondiendo con fe a lo que Dios ya te ha dicho que hagas? ¿Qué podemos aprender de María en cuanto a obedecer y responder al llamado de Dios?