Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Será que Dios abandonó a Israel? ¿Cómo podemos saber que Dios tiene un remanente? ¿De qué nos estamos jactando en nuestro día a día? Escucha la prédica del domingo