Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Cómo podemos ser alentados por la gracia de Dios? ¿Por qué el apóstol Pablo estaba agradecido con las Iglesias? ¿Cuál es nuestra esperanza como Iglesia?