La Iglesia Reformada, siempre reformándose

Hoy celebramos la bondad y misericordia de Dios, ya que este año se celebran 508 años de la Reforma Protestante. Cuando pienso en eventos históricos como la Reforma tanto como sus movimientos anteriores (Pre-Reforma) y posteriores (Post-Reforma) pienso principalmente en la promesa del Señor Jesucristo en Mateo 16:18 de que Él está edificando Su Iglesia, promesa que hoy vemos de manera palpable.
Días como hoy nos hacen recordar tanto a mártires, héroes de la fe, hombres y mujeres que a lo largo de la historia han dejado un legado hermoso para las nuevas generación, días como hace 508 años nos deben llevar a la meditación de la gloriosa providencia de Dios al usar cada momento en la historia para recordarnos la necesidad que tenemos de ser transformados. Hace 508 años la catedral de Wittenberg fue el escenario de la chispa que avivó la lucha contra la conformidad religiosa muerta, estéril y vacía que en los años posteriores se resumió con la frase: Ecclesia reformata, semper reformanda (La Iglesia Reformada, siempre reformándose).
«Ecclesia reformata, semper reformanda - La Iglesia Reformada, siempre reformándose»
Jodocus van Lodenstein
Posiblemente esta frase fue escrita por un ministro reformado llamado Jodocus van Lodenstein en 1674 en lo que hoy se conoce como Países Bajos. Algunos ministros fueron martirizados por su fe, por el hecho de estar comprometidos firmantes con la necesidad de reformar la iglesia y que esta no se conformase a los estándares de este mundo, sino que viviese perpetuamente conforme a las Escrituras; y esto precisamente, después de 508 años, sigue siendo una gran necesidad en la vida de cada creyente.
La gran preocupación del creyente debe ser no amoldarse a este mundo, debe ser ese constante clamor de Romanos 12 en donde el apóstol Pablo nos llama a ser sacrificios vivos, no adaptándonos a este mundo, sino transformándonos mediante la renovación de la mente. Esta renovación no se trata de una mera modificación de los aspectos externos de la vida, sino más bien asegurarnos de que vivimos para Dios, para la gloria de Dios; vivir Coram Deo. Al igual que los puritanos ingleses, al igual que la Reforma Holandesa y, sin dudas, cada avivamiento en la historia del cristianismo, ha tenido todo que ver con la transformación del corazón, siendo guiado, alimentado cuidadosamente, fielmente y conforme a las Escrituras.
Hoy, al igual que en el siglo 16 con la Reforma Protestante, debemos regresar a las Escrituras. Si te pregunto: ¿Cuál es el gran peligro que enfrenta la iglesia? ¿Qué me dirías? Posiblemente algunos responderíamos: El peligro de los falsos maestros, falsos creyentes, falsos evangelios, falsas doctrinas. El peligro de la superstición, lo místico. El peligro de la idolatría, el orgullo, etc. Creo que la lista de todos los peligros que rodean a la iglesia podría ser aún más larga. Y aunque todo eso sí afecta y sí representa un peligro, pensaría que el gran peligro de la iglesia es el formalismo. El formalismo es cuando una persona se adhiere a la doctrina (con su mente y no el corazón), participa de la adoración, conoce las costumbres, conoce el lenguaje, conoce las formas y la manera de comportarse, pero sin tener fe real.
7 ¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de ustedes cuando dijo:
8 “Este pueblo con los labios me honra,
Pero su corazón está muy lejos de Mí.
9 Pues en vano me rinden culto, Enseñando como doctrinas preceptos de hombres”».
Mateo 15:7-9 (NBLA)
Como creyentes afirmamos firmemente que la doctrina cristiana debe impactar profundamente no sólo el intelecto, sino también la mente, los afectos, la voluntad, toda nuestra vida y todo el corazón. Aún hoy después de 508 años se sigue necesitando un avivamiento, una reforma. Para dejar claro a qué me refiero con reforma o avivamiento, citaré las palabras del pastor Martin Lloyd Jones:
«No es necesario dedicar mucho tiempo a formular una definición de lo que conocemos con el nombre de avivamiento. El avivamiento es la experiencia según la cual, en la vida de la iglesia, el Espíritu Santo afecta una obra poco corriente. El Espíritu (Santo) lleva a cabo esa obra, principalmente, entre los miembros de la iglesia, dando a los creyentes una nueva vitalidad. Es imposible avivar algo que nunca ha tenido vida; así que el avivamiento consiste -por definición y ante todo- en revitalizar y despertar a los miembros aletargados, dormidos y casi moribundos de la iglesia. De pronto, el poder del Espíritu Santo viene sobre ellos y comienzan a comprender mejor las verdades que antes sostenían intelectualmente, y probablemente también a hacerlos en un grado más profundo. Se sienten humillados, convencidos de pecado, se horrorizan de sí mismos… Muchos llegan a pensar que jamás han sido realmente cristianos, y toman conciencia de la grandiosa salvación de Dios en toda su gloria, y a sentir el poder de la misma1».
Como dijo el puritano William Ames (1576-1633): El corazón de la teología es «la doctrina o enseñanza de vivir para Dios». Una vez que hemos entendido esto, podremos vivir y experimentar que la iglesia aún necesita ser reformada. Ecclesia reformata, semper reformanda. Y que esa necesidad apremiante inicia en cada uno de nosotros de manera individual y después de manera colectiva. Como dijo el teólogo Herman Bavinvk «El conocimiento de Dios, establecido en su Palabra, se ha concedido a la Iglesia... y que... La misión de la Iglesia consiste en proclamarlo al mundo y, también por este motivo, una parte del llamado de todo creyente consiste en aprender a conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo entendimiento, profundizar la fe por medio del conocimiento, para que el fin último de la teología, como el de todas las cosas, sea que el nombre del Señor sea glorificado. La teología existe para el Señor2». Por tanto, una iglesia reformada siempre reformándose dará más gloria al Señor. ¡Dios nos conceda ser así para la gloria de Su nombre!
¡Feliz día de la Reforma!
1Martyn LLoyd- Jones, Los Puritanos: Sus orígenes y sucesores (Reino Unido: El Estandarte de la Verdad, 2013), 19.
2Herman Bavink, Dogmática Reformada, Edición condensada en un solo volumen, ed. John Bolt ( Viladecavalls, España: Editorial Clie, 2011), 44-45.




